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martes, 25 de agosto de 2015

Me desperté sintiéndome

En mi sueño yo caminaba por una calle muy colorida, llevaba una ropa divina, hecha del algodón más suave y fresco que jamás había usado. Me sentí liviana, limpia, alegre; la gente sonreía a mi alrededor dándome una sensación de confianza, orgullo, responsabilidad. Lo que intuí en esta primera escena de mi sueño fue que mi trabajo ahí era asombroso, que compartía con los demás lo que yo tenía.

Caminé a una habitación poco iluminada, como si estuviera en una noche sin luna, pero con las estrellas brillando alrededor, mi mirada se centró en un espejo claro, puro; yo me miré y me asombró lo bella, lo hermosa que me veía, la luz en mis ojos, mi sonrisa honesta, mi cabello suelto y largo, casi al vientre, más rebelde de lo que normal, traté de peinarlo con mi mano y pensé: "mmm... hasta en mi sueño es difícil peinarlo"

Un ruido llamó mi atención y volteé hacia donde provenía, era de una habitación adjunta de donde colgaban enseres coloridos, persianas de cuentas, telas con tramas, una luz mística y frente a todo ello una hechicera o bruja, no sabría decirlo. Su cara mostraba preocupación, alerta, ella tenía una videncia para mi y me llamó con urgencia.

Yo no se lo pedí pero igual fui hasta su mesa donde estaba su bola de cristal, me miró a los ojos y dijo: "Viene algo duro para ti, no lograrás lo que te propusiste, son demasiados obstáculos para que logres pasarlos, piensa bien si quieres ir por ese lugar, te espera pobreza, fracaso..." No quise escucharla, la interrumpí, me levanté y grité al viento mientras me alejaba: "Tú no eres quién para decirme lo que puedo hacer, creo en mi, ¡Creo en mi!"

 Llegué de nuevo al espejo, sintiéndome preocupada, pero al verme a los ojos mi reflejo me dijo: "Todo irá bien, yo se que puedes lograrlo, tu haces tu propio futuro", abrí los ojos y agradecí el mensaje, no pudo ser más claro.