-Hace un momento
caminaba por la calle y luego…- Su cuerpo flotaba en un espacio rosado y
rojizo, suspendida en la ingravidez, pero dentro de alguna clase de líquido,
sus extremidades se extendieron, su cuerpo giró pero solo se vio a sí misma, en
un espacio interminable, no hacía falta respirar, no sentía hambre, ni dolor;
lo comprobó después de examinarse dos veces. Sentía paz, tranquilidad, poco a
poco su pensamiento regresó a la escena de la calle.-¿Por qué me duele el
pecho? ¿Por qué no dejo de llorar? ¿Por qué me importa tanto?- Una mujer con un
vestido rojo caminaba lentamente y cabizbaja sobre la banqueta en una noche
lluviosa los sonidos de la ciudad la envolvían, pero ella permanecía sumida en
sus pensamientos.
-Esta angustia es horrorosa,
quisiera dejar de sentir, ¿por qué siento tanto? ¿Por qué me siento tan
indefensa? ¿Por qué siento que nadie me entiende? Es lo mismo todos los años,
si no es un acosa es la otra ¿Cuándo dejaré de armar tanto drama?- Unos chavos
disfrutaban de la lluvia en grupo, riendo y charlando, iban derrochando alegría
que no se fijaron en el punto gris que iba adelante y chocaron. -Disculpe
señora- dijo el más cercano y siguieron su camino, agregando el nuevo incidente
a la serie de anécdotas. -¿Señora?- dijo en voz baja -pero si solo tengo 23
años.- Sintió como el corazón se le comprimía más, su orgullo terminó de magullarse
y una lágrima se unió a las gotas que ya mojaban su cara.
Se quedó ahí parada,
recordando las puertas que se le cerraron, los amores perdidos, los amigos
inoportunos, los rechazos, las incontables negativas, los reproches, las
críticas, los fracasos y las caras odiadas, la impotencia, la rabia, la
humillación, toda una avalancha de emociones e imágenes; en ese instante cruzó
con determinación la calle.
Todo estaba oscuro,
incluso dudó si realmente existía si misma ahí, o si acaso tenía los ojos
abiertos, ¿tenía cuerpo? Y mientras se preguntaba todo esto reparó en un ruido,
oyó un sollozo, se mantuvo alerta para escucharlo de nuevo, ¡ahí estaba!... era
una voz familiar, sintió una punzada de alegría y dolor a la vez. No sabía cómo
pero algo andaba mal, algo le agobiaba a la otra persona y ella pensó que se
debía a su existencia, lo intuyó. Se movió, giró, buscó una salida pero no
había nada más que ella en un espacio infinito, ingrávido, sin tiempo, oscuro…
absolutamente.
Quiso gritar, hacer
ruido pero solo había silencio, lo que había oído no venía de fuera, estaba
dentro de ella, puso atención y se esforzó por comunicarse mentalmente con la
otra persona, pero al parecer era un canal de un solo sentido. Oyó los
pensamientos de la otra persona cada vez más claros -¿Qué voy a hacer?, No
estoy lista, no quiero, pero… me condenaré… Y si… ¡No! – Sollozos -¿Qué van a
decir de mí?, ¿Por qué ahora?... Es que no puedo…- Y siguieron las preguntas y
el llanto sin aparente sentido, contradicciones y respuestas ambiguas, hasta el
punto en que no entendía lo que decía. Se sintió tensa, la otra persona estaba
petrificada del miedo, pero ella había tomado una decisión –yo sé que es por mí,
yo te amo, si debo morir… así será- la misma voz sollozante y conmocionada
habló una vez más, un tanto sosegada, pero llena de valentía –Lo haré.-
Ella estaba arriba de
un árbol, con el cuerpo de una niña y la voz que antes había oído le hablaba
desde abajo –Todo está bien, ya no hay nada que temer, se ha ido, su voz era
tan maternal y tranquilizadora y mientras bajaba el peso sobre su corazón se
esfumaba, luego como i nunca hubiera abandonado el espacio rosado y rojizo se
hizo un ovillo, ya no tenía el cuerpo ni de niña ni de mujer, era un bebé, el
espacio ya no era infinito, las paredes tocaban su cuerpo con delicadeza y fue
olvidando todo, mejor dicho, solo recordaba aquella voz amable, suave y
cariñosa, solo eso.