Mis visitas

martes, 29 de septiembre de 2015

Antes del miedo


-Hace un momento caminaba por la calle y luego…- Su cuerpo flotaba en un espacio rosado y rojizo, suspendida en la ingravidez, pero dentro de alguna clase de líquido, sus extremidades se extendieron, su cuerpo giró pero solo se vio a sí misma, en un espacio interminable, no hacía falta respirar, no sentía hambre, ni dolor; lo comprobó después de examinarse dos veces. Sentía paz, tranquilidad, poco a poco su pensamiento regresó a la escena de la calle.-¿Por qué me duele el pecho? ¿Por qué no dejo de llorar? ¿Por qué me importa tanto?- Una mujer con un vestido rojo caminaba lentamente y cabizbaja sobre la banqueta en una noche lluviosa los sonidos de la ciudad la envolvían, pero ella permanecía sumida en sus pensamientos.

-Esta angustia es horrorosa, quisiera dejar de sentir, ¿por qué siento tanto? ¿Por qué me siento tan indefensa? ¿Por qué siento que nadie me entiende? Es lo mismo todos los años, si no es un acosa es la otra ¿Cuándo dejaré de armar tanto drama?- Unos chavos disfrutaban de la lluvia en grupo, riendo y charlando, iban derrochando alegría que no se fijaron en el punto gris que iba adelante y chocaron. -Disculpe señora- dijo el más cercano y siguieron su camino, agregando el nuevo incidente a la serie de anécdotas. -¿Señora?- dijo en voz baja -pero si solo tengo 23 años.- Sintió como el corazón se le comprimía más, su orgullo terminó de magullarse y una lágrima se unió a las gotas que ya mojaban su cara.
Se quedó ahí parada, recordando las puertas que se le cerraron, los amores perdidos, los amigos inoportunos, los rechazos, las incontables negativas, los reproches, las críticas, los fracasos y las caras odiadas, la impotencia, la rabia, la humillación, toda una avalancha de emociones e imágenes; en ese instante cruzó con determinación la calle.

Todo estaba oscuro, incluso dudó si realmente existía si misma ahí, o si acaso tenía los ojos abiertos, ¿tenía cuerpo? Y mientras se preguntaba todo esto reparó en un ruido, oyó un sollozo, se mantuvo alerta para escucharlo de nuevo, ¡ahí estaba!... era una voz familiar, sintió una punzada de alegría y dolor a la vez. No sabía cómo pero algo andaba mal, algo le agobiaba a la otra persona y ella pensó que se debía a su existencia, lo intuyó. Se movió, giró, buscó una salida pero no había nada más que ella en un espacio infinito, ingrávido, sin tiempo, oscuro… absolutamente.

Quiso gritar, hacer ruido pero solo había silencio, lo que había oído no venía de fuera, estaba dentro de ella, puso atención y se esforzó por comunicarse mentalmente con la otra persona, pero al parecer era un canal de un solo sentido. Oyó los pensamientos de la otra persona cada vez más claros -¿Qué voy a hacer?, No estoy lista, no quiero, pero… me condenaré… Y si… ¡No! – Sollozos -¿Qué van a decir de mí?, ¿Por qué ahora?... Es que no puedo…- Y siguieron las preguntas y el llanto sin aparente sentido, contradicciones y respuestas ambiguas, hasta el punto en que no entendía lo que decía. Se sintió tensa, la otra persona estaba petrificada del miedo, pero ella había tomado una decisión –yo sé que es por mí, yo te amo, si debo morir… así será- la misma voz sollozante y conmocionada habló una vez más, un tanto sosegada, pero llena de valentía –Lo haré.-

Ella estaba arriba de un árbol, con el cuerpo de una niña y la voz que antes había oído le hablaba desde abajo –Todo está bien, ya no hay nada que temer, se ha ido, su voz era tan maternal y tranquilizadora y mientras bajaba el peso sobre su corazón se esfumaba, luego como i nunca hubiera abandonado el espacio rosado y rojizo se hizo un ovillo, ya no tenía el cuerpo ni de niña ni de mujer, era un bebé, el espacio ya no era infinito, las paredes tocaban su cuerpo con delicadeza y fue olvidando todo, mejor dicho, solo recordaba aquella voz amable, suave y cariñosa, solo eso.