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sábado, 25 de marzo de 2017

Comida para el pueblo

Después de bastante tiempo me he propuesto retomar mi blog, subí varios escritos que tenía en el tintero.

Este post es simplemente una lista de lo que se ofreció el pasado 11 de marzo del 2017 en casa de mi abuelita con motivo del Convivio de transferencia de la imagen del Señor Santo Entierro del Barrio de San Isidro al Barrio del Espíritu Santo. Es una tradición antigua en el municipio de San Juan del Río. No es tan conocida como yo imaginaba y puede deberse a su carácter periférico (geográfica y socialmente hablando); también por la poca rotación de los participantes de la Asociación; sin duda esta tradición da mucho para hablar, pero hoy solo dejaré la lista de lo más representativo de la comida ofrecida al pueblo.

Mole en pasta (88 kg)
Arroz (48 kg)
Frijoles chicos (55 kg)
Frijol grande (volador) (25 kg)
Pollos enteros (150)
Pierna y muslo de pollo (70 kg)
Guajolotes enteros (4)
Puercos (2)
Borregos (2)
Consomé (30 L)
Pan dulce (250)
Pan de fiesta (2)
Fruta variada (40 kg)
Refrescos grande 2 L (280)
Refresco chico (36)
Cartones de cerveza (13)
Pulque (30 L)
Chocolate (9 L)
Mesas rectangulares 10 pax (41)



Un sentimiento nuevo

Hoy me siento peculiarmente sensible, no se como describirlo, probablemente no tengo las palabras adecuadas para describirlo pues estoy sintiendo varias cosas a la vez, tristeza, melancolía, alegría, tranquilidad y energía a punto de liberarse. El mundo simplemente luce espléndido, aunque también cruel. Es un periodo de introspección que me ha dado tantas gana de comer, quizá por el hecho de que sigo recriminando mis sentimientos aunque en menor medida que antes. No lo sé, solo las lágrimas salen de mis ojos y enseguida siento el latir de mi corazón en todo mi cuerpo, un calor emanado constantemente.

Carta a mi

En esta madrugada fría, recostada en mi cama envío mis deseos y sueños a quien está buscandome. Envío un apasionado abrazo y un cálido beso. Yo pienso en vos como vos en mi.

Una respuesta rápida

El universo siempre está en movimiento, expandiéndose, transformándose; ¿por qué me cuesta tanto crear mis propios movimientos? Hoy oré para tener una respuesta, para encontrar sensatez a mis delirios. Hoy encontré rezagos de mi viejo yo, del ser que siempre ha querido detener el tiempo y tener lo que desea con solo pensarlo, sin trabajo ni esfuerzo. 

Quise oponerme al cambio, otra vez, crecer me esta doliendo tanto, madurar me da tanto miedo. Soy tan joven y no ha sido la primera vez en pensar terminar mi vida, pero me veo tan cobarde como para desear que alguien lo haga por mi.

Realmente en días como éstos veo un futuro completamente negro. Hace algunos meses creí estar lista para enfrentar todos los desafíos de la vida, quizá no sea así. Tiendo a pensar demasiado las cosas, a minimizar mi trabajo a subestimar mi valentía, suelo no confiar en mi. 

¿Quien, quien querría una persona así? Una persona con tantas expectativas y poca acción. Me estoy juzgando demasiado, si no confió en mi, cómo puedo confiar en otros, si no me soy honesta, cómo puedo serlo con los otros, si no me ocupo de mi, cómo otros lo harán. 

Soy tan dura conmigo misma, soy tan dura con todos. 

Hoy oré por una respuesta y el universo me contestó inmediatamente: el árbol da sombra, protege, es fresco, pacífico y alegre; el árbol necesita de agua para poder ser, de otra forma morirá. Entendí  inmediatamente también, yo soy como el árbol, solo me quedaba una pregunta por responder ¿Que es el agua para mi? Que quiero de verdad y sobre todas las cosas, el mayor sueño que tan imposible suena que sólo hace que lo desee más. El motivo de mi existencia es...

Me acuerdo

El tiempo transcurre, inmutable a los hechos, fluído y eterno. El río por el que alguna vez caminamos sigue en sus sitio, bajo la protección del cielo.
La ciudad ha crecido, pero continúa sintiéndose una tranquilidad propia desde que hay registro.
Me siento diferente, mi corazón sanado está, sin embargo, te sigo pensando.
Corazón mío que todo rememora, corazón que emana y anhela amor: envíale a ese niño la blancura de la paz, la rosa del amor propio y la fuerza del fuergo.
Luna mía que siempre abogas por mi, llénale de besos, dulzura y valor. Mientras aún me acuerdo.